La Tribu de las Estrellas

por Elizabeth

Mapa de Mali Mali

En 1931 dos antropólogos franceses, Marcel Griaule y Germaine Dieterlen, después de un tortuoso viaje lograron llegar a Mali, país situado en la frontera del Sahara con las sabanas de África Occidental. Su objetivo: estudiar una de las tribus más interesantes y a la vez desconocida del continente africano, la tribu de los Dogones. Los estudiosos nunca imaginaron los secretos que escondía su gente, y que efectivamente les revelaron durante el transcurso de su estadía que se prolongó hasta 1952.

Los Dogones, en apariencia muy básicos y tecnológicamente rudimentarios, tenían en cambio una rica tradición oral que guardaba los orígenes y fundamentos de su cultura, la cual se encontraba indisolublemente ligada a la estrella más brillante que podemos observar desde la tierra: Sirio.

Sirio

Imagen de Sirio A y Sirio B Imagen de Sirio A (estrella grande) y Sirio B (estrella pequeña), tomada por el telescopio espacial Hubble.

En palabras simples, es un sistema que está compuesto por dos estrellas, Sirio A y Sirio B. El impresionante brillo de Sirio A y su fácil visibilidad desde la tierra, ha sido la causa por la cual muchas culturas antiguas relacionaran su mitología y religión a dicho sistema, tales como los egipcios, los chinos y diversos pueblos indígenas.

¿Qué hay de extraordinario entonces en que otra tribu alejada de cualquier civilización sintiera devoción por el imponente brillo de esta estrella binaria?

A diferencia de otras culturas, los Dogones tenían plena conciencia de la existencia de Sirio B, la cual a diferencia de Sirio A, no es perceptible a simple vista. Su descubirmiento recién se llevó a cabo en 1862 por el astrónomo Alvan Graham Clark, gracias a las pruebas de un nuevo telescopio. De esta forma los Dogones relacionan sus creencias ancestrales con el sistema completo, el que incluso puede estar conformado por una tercera estrella, como veremos.

El Pez Caído del Cielo

Los antropólogos, a través de un cuidadoso trabajo de campo, lograron lo que pocos han podido: penetrar en el corazón de las costumbres de los Dogones y conocer de primera fuente la dinámica de sus creencias y tradiciones más arraigadas, descubriendo con estupor que tenían un amplio conocimiento científico del universo, y una historia sobre sus orígenes muy intrigante.

Según relataron a los franceses, hace mil años descendió desde el cielo una estrella a la que bautizaron como “la estrella de la décima luna”. De esta gran estrella emergió una segunda estrella más pequeña, que giraba sobre sí misma. De la estrella mayor, que al posarse en la tierra se convirtió en una especie de pirámide, se desplegó una escalera de seis peldaños por cada cara. De “ie-pelu-tolo”, que así le llamaban a “la estrella de la décima luna” (tolo significa estrella), bajaron ocho Nommos, seres con cuerpo de pez. Y fueron estos Nommos quienes les enseñaron vastos conocimientos sobre el universo, que progesivamente dieron a conocer a los antropólogos.

Mapa de los Dogones En esta representación original del universo, de carácter oval, se puede observar entre otros: A) Sirio A; B) Po Tolo, Sirio B; C) Emme Ya Tolo, Sirio C; D) Nommos; F) El satélite que orbita Sirio C.

Los Dogones narraron a los científicos que los Nommos les habían indicado con toda precisión que su estrella de origen era el sistema Sirio, llamando Sigi Tolo a la estrella fundante (Sirio A), señalando además a una estrella compañera, más pequeña, pero “extremandamente pesada”, en palabras de los propios indígenas. Esta última sería Sirio B, Po Tolo. La característica del peso es importante, ya que con la tecnología actual se sabe con certeza que Sirio B tiene una masa prácticamente igual a la del Sol, y siendo su tamaño como el de la Tierra, la densidad que ostenta es sorprendetemente alta. Pero además, a todo lo anterior se suma otro dato. Los Dogones precisaron que Sirio no era un sistema de dos estrellas, sino de tres. Es así como en sus relatos identifican a una tercera estrella a la que denominan Emme Ya Tolo, que tendría un satélite propio orbitando a su alrededor. Ésta sería Sirio C, una nueva estrella, que aunque incluida vivamente en los relatos de los Dogones, actualmente no tiene existencia confirmada, siendo en todo caso muy importantes las observaciones realizadas en 1999 por astrónomos franceses, quienes sí aseveraron la presencia en el sistema Sirio de un tercer cuerpo, al que habrían identificado con una enana roja.

De esta forma los Dogones resultaron ser depositarios de los conocimientos que estos seres venidos de las estrellas les habrían entregado, y que en definitiva condicionó de ahí en adelante su visión del mundo. Es así como sus relatos incluyen datos sorprendentes que sólo se han obtenido formalmente a través del avance científico y tecnólogico, tales como un preciso conocimiento del sistema solar y de la órbita de los planetas alrededor del sol, de la estructura espiral de la vía lactea y de la existencia de Saturno y sus anillos, entre muchos otros.

A todo lo anterior, se suma que los Nommos les habrían enseñado técnicas básicas para cultivar la sabana, preparar cerveza o pescar, es decir, herramientas de máxima utilidad para sobrevivir en el ambiente hostil de Mali.

El Baile de Máscaras

Años después, otros investigadores y escritores entrarían en contacto con los Dogones, atraídos por la valiosa información recopilada por los antropólogos (del trabajo realizado por Griaule y Dieterlen, destacan, por ejemplo, Un Système Soudanais de Sirius, de 1950 y Le Savoir des Dogon, 1952). Tal es caso de Robert K. G. Temple, quien escribió en la década de los setenta The Sirius Mystery (El Misterio de Sirio), en el cual destaca los conocimientos de la tribu, afirmando el posible contacto con extraterrestres.

Si bien actualmente muchos son los que aseguran que la misteriosa tribu Dogón ha sido inducida a contar determinados relatos, los cuales serían falsos, la incógnita sigue rodeando a este pueblo de apariencia sencilla.

Mientras la comunidad científica sigue especulando, los Dogones celebran cada 50 años su fiesta más importante: conmemoran el contacto con los Nommos. En aquella ocasión, al igual que en otras celebraciones significativas, bailan con máscaras coronadas con extraños símbolos.

Coincidencia o no, el período orbital de Sirio B respecto a Sirio A es de 50,1 años.